Es la una de la tarde y no logro concentrarme. Es la una de la tarde y mi cabeza está ocupada por flujos de imágenes prohibídas, de rostros, gestos y segundos retardados que debería espantar y soy incapaz. Porque en la traducción de este caleidoscopio de cosas, estás tú. Escapas a la razón. Me confundes... Eres primicia avasalladora y ruido indecifrable. Tu prudencia me edulcora y tus explosiones de espontaneidad, me erizan. Pura necedad arriesgada! Más bien... Es la una de la tarde y la vida continúa.
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