Ayer me levanté con la neura. La falta de concentración y la imposibilidad de deshacerme de la plétora de pensamientos perturbadores que me hostigan justo en el momento en el que escribo mi tesis de maestría, me llevó a pasar el día pegada a Youtube. Sí, ayer sufrí de lo que llamo melancolía intelectual y desvarío cortazariano, enfermedad que padezco desde que estudio administración de empresas. Pasé el día como un mejillón, viendo videos de Pedro Guerra, de Silvio, de Aute y de Alejandro Filio, queriendo ser la musa de algún poeta y vivir amores tormentosos y fusionales. Pero de momento escuché el gato maullar con todas sus fuerzas y desperté aturdida, pensando en la vida tan normalita que llevo ultimamente.
En siete días cumplo 26 años, en un mes tendré un diploma de cultural management y en 6 semanas cambio de país... y como diría Cortázar, lo deshago todo para recomenzar. No estoy contenta, aunque debería, tengo sentimientos encontrados que no logro resolver. La aventura me tienta, pero una fuerte impresión de abandonar algo importante me queda, un saborcito agridulce muy desagradable y común a las despedidas. Quizás soy muy tonta para aceptar mi destino nómada. Quizás amo demasiado para quemar las embarcaciones y huir. Quizás me cuestiono incesantemente. Quizás quiero vivirlo todo, sin estratégias... comerme el mundo a bocanadas, a fuerza de tinta y papel e ir dejando huellas indelebles. Quizás, quizás, quizás...
Hoy, solo pienso en la inminencia del encuentro y en una flor amarilla. Sin desvelar lo que escondo, camino sigilosa y actúo con naturalidad.
"Todos tenemos algo escondido, yo como todos , tengo lo mío... Amor y golosinas, cuentos perversos y Gérard Dépardieu diciendo versos...". Golosinas, Pedro Guerra
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